Mi traje de guerrero



No me gusta usar mi traje de guerrero.

Cuando lo hago pierdo poco a poco, como Chihiro, mi nombre y lo que soy.

Pero a veces,  el corazón harto de quietud, te lleva de nuevo a la batalla y la batalla te mete de nuevo en la confusión. Confusión, que paradójicamente, crees que es la claridad más valiosa.

LA DIFERENCIA


Todo es distinto desde que se comprenden las cosas sencillas.

Ayer me recordaron una de ellas importantísima:

Todos somos practicamente iguales;  Nos vestimos, vamos a trabajar, cuidamos de nuestros hijos, tenemos una familia, una casa, una rutina. Luchamos por vivir, caminamos del mismo modo, saludamos a los conocidos, defendemos  lo que creemos nuestro: nuestras ideas, nuestras formas, nuestros modos de vivirlas...
Todos somos iguales. Lo somos.

Pero nos diferenciamos en algo que marca la diferencia entre unos y otros:

Los sentimientos. Con qué sentimientos hacemos las cosas, hablamos de las cosas, vivimos las cosas. Con que sentimientos nos movemos, por cuales de ellos defendemos nuestras ideas o lo que creemos ser. Con que sentimientos nos comunicamos, trabajamos o compartimos nuestra vida.

Nos diferenciamos  por lo que sentimos al vivir.
Nos diferenciamos por los sentimientos que tenemos, los que  emitimos al vivir las cosas.

Esa es la diferencia. La gran diferencia.

Quizás sólo tenemos que examinar que sentimientos nos mueven para poder comprender qué somos en realidad. Si estamos en el camino adecuado, en el que realmente queremos estar.
En el que queremosVIVIR.
 

Sin temor



Miro con los ojos del alma abiertos de par en par.
Sin prisa.
Sin temor a la luz.
Sólo mirar, sentir...Dejando que lo que haya, llegue hasta el fondo y vibre.

Es la única forma.

Si  osamos permitírnoslo...

¡El milagro, se produce!

Silencio







La calma, la paz, el silencio, habitan mi casa.
Sumida en él, me he quedado sin palabras.
Dame las tuyas, amiga, compañero,
Quiero llenarme de tu música.

Haciendo

                                             (Fotografia de Chayo Roig)

La energía hermosa, dulce, única, sabia, poderosa e inigualable de Dios,  habita nuestro corazón.

Si sentimos que no podemos, que no comprendemos, que nos falta vitalidad y VIDA...
Si nos creemos demasiado pequeños o casi insignificantes...
Si no somos capaces,  nos falta confianza o no  conseguimos que la vida vibre en nuestro interior, sin esfuerzo...

Entonces, estamos HACIENDO, pero SIN ÉL.

Florecer



(Foto tomada esta mañana, después de muchossss días con madrugadas de  - 6º )



El Jazmín, nunca pierde su esencia.

Existe, aunque a veces, no sea más que una simple ramita casi seca y sin color.

Pero está vivo. La esencia de su ser, aguarda escondida.

Y cuando menos te lo esperas, en pleno invierno, después de largas madrugadas de seis grados bajo cero, después de un largo tiempo helado y carente de luz... todo lo que llevaba dentro, estalla y amanece florecido.

Sin forzar nada; sólo por las gotas de agua cálida que le llegaban,  esparcidas con amor: ¡HA FLORECIDO!.

El Jazmín, NUNCA pierde su esencia. 

Sólo los jardineros apresurados dejan de confiar en su renacer hermoso…y a veces, por las prisas, se pierden la magia de su despertar, más bello y lleno de fuerza de lo que fue.


Dios no explica. Dios no convence. Dios no altera su ritmo al moldear la vida. Por más que se lo pidamos o  no  alcancemos a comprenderlo.

Nosotros sólo tenemos que CONFIAR y regar con gotas llenas de amor,  ¡Y el milagro se produce!

* (No con cubos de agua…con gotitas llenas de amor)


!Tened misericordia de mí !



Si me encontráis y estoy en el silencio...
Si me encontráis y soy vociferarte e irascible...
Si me encontráis y mi rostro es de tristeza
O doy saltos de alegría: no soy yo.

¡Tened misericordia de mí!

No me juzguéis ni intentéis comprenderme.
Recordad que estoy hecha de barro y tempestuoso mar.

Mis manos de alfarera
no siempre dominan el torno
en el que giro.

Algún día os encontraréis conmigo
y seré sólo arcilla esparcida al sol
sin forma alguna.
Tierra que la lluvia moja
y el aire moldea.

Mientras tanto: ¡tened misericordia de mí!

Un regalo para "comprender"


Un compañero de viaje me hizo un regalo.

Cuando lo desenvolví en casa, me llevé una gran sorpresa, porque consistía en un libro sagrado, bellísimamente decorado, con explicaciones marginales y comentarios del texto principal: ¡pero estaba escrito totalmente en árabe!
No podía comprender absolutamente nada. Ni uno solo de los trazos tenía significado para mi, o podía ser interpretado.
Realmente me quedé sorprendida.

Pero pensé que si mi amigo, que me conocía perfectamente, había elegido este regalo, sería por algo concreto y que posibleme
 Un nte, tendría alguna razón para hacerlo de esta forma.

Durante mucho tiempo, me dediqué a estudiar el código de aquel libro, intentando entender, comprender el mensaje que guardaba entre sus páginas.

Después de mucho tiempo, un día llamé a mi amigo:

- ¡Entiendo un trocito! - Le dije llena de alegría. - ¡Después de mucho esfuerzo y trabajo, después de mucho empeño y constancia, he comprendido un trocito! - Le volví a repetir toda contenta...

Y mi amigo, en eso reconocí que era realmente sabio, me dijo con suavidad:

"- Querida amiga: el libro es cómo el vibrar de la vida y todo lo que en ella sucede y puede ser vivido...lo que haces, lo que sientes, lo que conoces y vives, no es más que un trocito pequeño de todo lo que te rodea, un trocito pequeño de todo lo que puede ser sentido y vivido...
estate atenta, la sabiduría del universo es infinita...adentrarse en ella es la tarea de todo caminante.

¡Comprende esto y será fácil el camino...!"

Que los pájaros me aniden


Me estaba esperando.
 Al acercarme sentí su poderosa energía llenando todo mi ser.

La toqué con respeto. Y las vivencias, que llevaba cinceladas en cada rendija de su alma, pasaron a la mía.

Aún conservaba la suavidad que sobre su piel, la han dejado mil olas.

Reposaba sobre la arena, frente al mar que tantas veces había surcado venciendo los vientos.

Alrededor la han nacido flores y pequeños arbustos.

Ya no es impermeable, ni lucha por mantenerse a flote, navega sin lucha, por otros mares.

Por entre los grandes huecos de su esqueleto, entran y salen las golondrinas. Y algún pajarillo ha encontrado cobijo en sus recovecos.

Está en un privilegiado lugar de la playa, desde su quilla, que sigue apuntando al mar, se puede ver todo el horizonte.

El mar, con sus tranquilas olas, no llega hasta ella, pero aún, cuando la echa de menos, se embravece y se acerca a bañarla, para que no pierda del todo su sabor.

Algunos días, con el arrullo de la marea, su alma se eleva sobre las olas, dejándose arrastrar mar adentro. Este modo secreto de navegar, no lo comparte casi con nadie. Porque solo los viejos lobos de mar y las barcazas embarrancadas en tierra, lo poden comprender.


Me senté junto a ella y recostando mi cabeza sobre sus tablas, charlamos largamente y nos comprendimos.

Regresé muchos días, solo por sentirla de nuevo, sólo por seguir con ella conversando.


Cuando nos despedimos y empecé a alejarme, sentí mi alma idéntica a la suya.
Desde entonces, no quiero nada más que la libertad de quien nada tiene que defender.

Y que mi alma hondee llenando el aire, para ser respirada.

Sólo quiero la vida, tal cual hasta mí llegue y vivirla sin lucha, sin resistencia.

Sólo estar y sentir.

Sólo navegar por todos los mares, verdes o azules, abierta de par en par, dejando que todos los pájaros me aniden y que todos los vientos me crucen.
Quizás alguien, al cruzarse conmigo, entienda mi idioma.

Silencio


Estaba amaneciendo. El sol, tímido pero poderoso, apartaría al viento y se elevaría sobre el lago de sal...
Todos esperábamos el instante en que los primeros rayos iluminasen el paisaje blanco.

La vieja barcaza, llena de todos los amaneceres, yacía tranquila ante nuestros pies.

Mis manos se pararon a tocarla, apenas la rozaron... agachada junto a ella, me quedé esperando.

...Sentir como ella, vivir como ella...

Ser como una vieja barcaza anclada sobre el lago, dejando que el aire y el sol me llenen...

Abierta a la vida sin resistencia, sin añorar ni desear nada, que no sea VIVIR intensamente, este instante.

Sí, Verdaderamente, mi alma no quiere nada más.

Y cuando metida en el mundo, se me olvida, siempre, siempre, siempre... aparece mi barcaza, me llama... y me lo recuerda.

Celeste

El viejo castillo


Como siempre, regresé al castillo.
Entré en una de sus salas y allí, protegida por sus poderosas paredes, me dispuse a descansar.
Dejé sobre el suelo la armadura, la espada y el escudo.
Venía de muchos años de lucha, durante los cuales tuve que enfrentarme a multitud de batallas.
Sentía, que poco a poco me había ido endureciendo. No sólo mi armadura era fuerte y aguantaba duros envites, sino que todo mi ser, se había ido haciendo insensible y rígido, pues cada lucha mantenida había alejado de mi corazón cualquier cosa que pudiera debilitarle o hacer que se tambaleara.
Me había convertido en una poderosa guerrera, pocas luchas me amedrentaban. Me enfrentaba a ellas con decisión y coraje, sin retroceder.
Mucha gente admiraba mi valentía y aunque eso no suponía para mí ningún orgullo, me reafirmaba que estaba haciendo lo correcto y que lo hacía de la forma más eficaz.
Así era mi vida de guerrera. Transcurría sin dejar que nada me pusiera de rodillas, sino que caminaba erguida hacia las dificultades, por duras que fuesen o por mucho que pesara sobre mis hombros doloridos la rígida armadura con la que me cubría.

Ahora, estaba en mi castillo, podía bajar la guardia y descansar.

La armadura, el escudo y la pesada lanza que siempre llevaba en la mano, estaban tirados por el suelo, como inútiles trozos de metal.

Dormí durante muchas horas, abandonada al sueño reparador.

Cuando desperté, quise incorporarme. Pero sentí todos los miembros debilitados y sin suficiente fuerza. Me quedé, despierta y tendida sobre el lecho. La luz de las ventanas entraba suavemente y el silencio lo llenaba todo.

Oscureció y volvió a amanecer numerosas veces, y yo, permanecía tendida sin hacer nada.

Cuando por fin me incorporé, me sentía diferente: el cuerpo ya no me pesaba, era ligero, liviano.

Miré por la ventana y tuve la sensación de ver por primera vez las cosas. Las reconocía, pero ya no eran como antes, algo las había cambiado. Incluso yo no era como antes, me sentía diferente...llevaba tantos años vestida para la lucha, que desnuda, casi no me reconocía. Se me había olvidado cómo era antes de este tiempo...


Recogí las distintas partes de la armadura para írmelas poniendo, pero ahora las sentía tan toscas y pesadas que fui incapaz de colocármelas. Era cómo si nunca hubieran sido mías, como si fuese extraño que las hubiera podido usar y hacer de ellas mi modo de vida. Cogí la lanza, pero la sentía demasiado grande y casi no podía con ella. Lo mismo sucedió con el escudo; era tan pesado que casi no podía levantarlo. Tuve la impresión de que eran más grandes que todo mi cuerpo y las dejé sobre el suelo.


Pero no tenía nada más. No tenía nada más para cubrirse y salir de nuevo a la vida que me esperaba. Solo la armadura, el escudo, la lanza...solo eso. ¿Con qué me cubriría ahora? ¿Con qué me defendería en la lucha? ¿Cómo vencería en las batallas? ¿Qué sería de mí sin que la armadura me protegiera?. El temor por este pensamiento, fue acallado por un nuevo sentir y razonar que se fue abriendo paso en mí, cada vez con más firmeza y claridad: caminaría sin nada. De nada cubriría mi cuerpo, con nada pelearía ni me protegería. ¡pondría fin al tiempo de batalla!.

El temor seguía en mí, pero la decisión brotaba de mi corazón con tanta fuerza y claridad, que ni un paso atrás me permitiría, sólo este compromiso de vida que se había implantado claramente en mi alma.
Salí a la calle y comenzar a caminar: iba desnuda. Nada cubría mi cuerpo.
Sentí el viento sobre la piel. La hierba seca, se me clavaba en los pies al pisarla y andar. En las piernas, me arañaban los matojos, pero seguí caminando…

No sabía qué me esperaba, con qué me encontraría, qué sería de mi o cómo sería mi existir. Pero algo poderoso me empuja a seguir y lo hice sin resistencia.


Caminé alejándome del castillo durante días y más días. Poco a poco, a medida que me alejaba, iba retomando mi ser. Me sentía bien, ligera, tranquila, llena de fuerzas. Aún con temor, pero decidida. Miles de sensaciones se debatían dentro de mí.


En cada día que pasaba, me reafirmaba en mi compromiso: caminar así, sin que nada me protegiese, desnuda ante la vida. Desprovista de todo, sin armas ni escudos. Con las manos abiertas. Sin más defensa, que mi propia piel.

Caminaría sin detenerme ni retroceder, aunque el camino fuera difícil y mil veces cayera o fuese vencida.
El tiempo pasaba, mi caminar no se detenía y cada vez me alejaba más de todo lo que había sido y me adentraba con firmeza en esta nueva vida.
Algo sutil y cálido me arropaba por encima de modo poderoso. Nunca antes había sentido así mi propia fuerza y energía.
Pensé que todo estaba bien, que todo encajaba. Miré por última vez hacia atrás, fue solo un instante, y seguí caminando.

(Esta experiencia es el porqué, comencé la vida de nuevo).

Mi trabajo

(Foto tomada en Febrero del 2007)

Conocí personalmente, a la Madre Teresa de Calcuta en Madrid.
Su generosidad y cariño, hizo posible que estuviésemos compartiendo trocitos de vida: la suya, de una humildad brillante, grande, poderosa, llena de la fuerza que da la paz.
La mía, inmersa en un torbellino de luchas y sensaciones que me zarandeaban sin tregua.

Mi corazón aún lleva esos momentos vibrando en lo más profundo del pecho.

Yo, entonces, tenía miedo a todo lo que mis manos me mostraban: eran como ventanas a través de las cuales me asomaba al sentir y vibrar más profundo de los demás.
Durante muchos años, no supe qué hacer con todo eso...

Ella, puso sus manos sobre las mías y casi sin palabras, me quitó todos los miedos.

La Madre Teresa de Calcuta decía: "Las manos que curan, son las manos que transmiten amor". Y ese fue el camino que me mostró para seguir avanzando en mi vida personal y en mi trabajo.
Mi corazón, se reconcilió con el don de mis manos.
Desde ese día, supe cual y cómo sería mi modo de trabajar y vivir.

Han pasado muchos años...
pero cuando flaqueo, siento aún sobre mis manos,
la calidez y la fuerza de las suyas.

Nada pasa, todo queda guardado en el alma.
Lo más grande, lo pequeño, todo es para ganar, todo es amor para ganar.

¿Cómo no dar testimonio de lo vivido? ¿Cómo no entregarlo?

Gracias a vosotros siempre, por recibirlo.

Marcharse es volver a vivir




Estábamos en una habitación del hospital.
Los médicos, sabiendo la gravedad de la situación, nos habían dejado a solas con mamá, gravemente enferma. Eran las últimas horas en que la tendríamos con nosotros físicamente.
Sentíamos pena, tristeza...y una gran angustia en nuestro corazón.

Yo tenía la experiencia de haber ayudado en muchas ocasiones a diversas personas en este paso, pero al ser un familiar tan directo, estaba expectante y totalmente abierta a todo lo que en la habitación sucedía.
Las horas iban pasando lentamente, muy lentamente...
La tarde dio paso a las primeras horas de la noche y sólo las luces de la ciudad que se extendía en la falda del hospital, se dibujaban entre la oscuridad.
En la habitación todo estaba en silencio, nadie hablaba.
Mi madre había entrado en una semiinconsciencia de la que sólo a ratos salía para decirnos algo.
Pero, su silencio, era sólo de palabras físicas.
Su mente estaba totalmente despierta y mantenía una claridad muy grande.

Desde hacía un rato, todo el espacio de la habitación se había ido llenando de algo denso y espeso que si bien no podía verse físicamente, sí se sentía perfectamente. Lo sentíamos todos, desde mi familia, hasta las enfermeras... y la vibración que producía, nos tenía a todos nerviosos y tensos.
Me dediqué a hablar con mi madre que parecía inconsciente, pero que yo sabía que podía escucharme y comprender, mejor que nunca, todo lo que en esos momentos tenía que explicarle.
“ no luches, no te resistas... deja que las cosas sucedan...
...tranquila, no estás sola, te ayudarán... tranquila...
escucha en tu corazón, deja que te hablen... deja que te ayuden...”.
Al principio, parecía que nada cambiaba, todo seguía igual.
Había mucho calor en la habitación y teníamos la sensación de que nos faltaba el aire a pesar de que todas las ventanas estaban abiertas.
Era como si la oscuridad de la noche que reinaba fuera, se hubiera apoderado del espacio y no fuésemos capaces de alejarla de nosotros.
Mi madre continuaba inquieta, desorientada, sin saber muy bien qué le estaba pasando...
Yo le seguía hablando suavemente:
“ deja que te ayuden... no te resistas... escucha lo que te decimos...
este es otro tiempo, has llegado a otra forma de ver y de sentir... deja que te ayuden, no tengas miedo...”.
Así pasamos mucho tiempo.
Poco a poco, la vibración que había en la habitación había cambiado.
Ahora era, menos densa, más nítida, se sentía “todo lo que había”, prácticamente se podía ver físicamente. Y esto no sólo me estaba sucediendo a mí, sino a todos los que estabamos en la habitación, ya que cada una en su medida, lo estaban viviendo de igual modo.
La habitación se había ido llenando de seres espirituales que estaban situados alrededor de la cama, rodeándonos a mi madre y a mí... y esperaban.
Su presencia era tan fuerte, que se los podía ver físicamente, su contorno se dibujaba en las sombras de la habitación, eran seres grandes, como de una luz amarillenta...su vibrar era cálido, calmado... y permanecían silenciosos, esperando con respeto. Su fuerte presencia llenaba por completo la habitación. Daba la sensación de que ya no cabía nadie más, allí dentro.
Yo continuaba hablando con mi madre, explicándola cosas. Sentía su mente más despierta y receptiva que nunca y sabía que había dejado de razonar todo lo que estaba sucediendo y que comenzaba a “abandonarse, a dejarse conducir...”.
La madrugada había ido avanzando, y a medida que pasaba el tiempo, la sensación de presión que había en la habitación se había ido suavizando.
Los seres continuaban allí, silenciosos, callados, llenando por completo todo el espacio alrededor de la cama.
Mi madre, se recuperó un poco y nos dijo:
“ les voy a hacer caso... tienen razón, les voy a hacer caso...”
Yo continuaba hablando con ella, para que estuviera tranquila y confiase...
Y lo hizo.
Desde el momento en que lo hizo, todo cambió en la habitación:
La presión que había y que sentíamos todos, desapareció.
El aire, volvió a ser, fluido y fresco, la densidad que nos aplastaba a todos, se fue suavizando y nos comenzamos a sentir todos mejor.
A los pocos minutos, en la habitación se sentía una calma y una paz enorme... toda tensión había desaparecido y la sensación era incluso de bienestar.
Mi madre había perdido totalmente la conciencia y había entrado en coma. Su corazón seguía latiendo aceleradamente obligado por la medicación, pero en su cuerpo no había ningún signo de vida. Ahora, descansaba plácidamente como desconectada de todo.
Al relajarnos, me di cuenta de algo muy hermoso que me hizo llorar de emoción y agradecimiento:
Los seres que llenaban la habitación y que desde hacía varias horas nos acompañaban, se habían hecho más transparentes y luminosos que antes y formaban un grupo muy tupido alrededor de la cama.
Poco a poco, del cuerpo de mi madre se fue desprendiendo una energía parecida a ellos, estaba encima de ella, formando otro cuerpo, muy parecido a su físico.
Este otro cuerpo permanecía en horizontal, por encima de la cama, y a cada rato que pasaba, se elevaba más hacia arriba.
Todos los seres, estaban pegados a él, como sujetándole con sus manos.
Cada vez estaba más arriba, hasta colocarse por encima de nuestras cabezas, algo más abajo del techo... Solo un hilito de luz, unía los dos cuerpos, uno exhausto y acabado sobre la cama, el otro fuerte y luminoso descansando en manos de los seres que le custodiaban.
En la habitación había una sensación de alegría y de felicidad que nos asombraba.
Sentíamos en nuestro corazón algo muy hermoso y fuerte, algo muy especial, antes nunca sentido que nos hacía estar tranquilos y llenos de una alegría muy grande. La situación que estábamos viviendo era tan clara y llena de tanta fuerza, que toda la tristeza anterior había desaparecido.
De algún modo, sentíamos claramente en nuestra mente la voz tranquila de mi madre, despidiendose, llena de calma, llena de paz...
Nos alegraba sentir lo hermoso que era esta marcha y que ya no había dolor ni oscuridad, que no había duda o sentimientos de perdida, sino que estábamos felices porque todo lo que estaba sucediendo nos mostraba las cosas de un modo totalmente distinto a como normalmente la gente lo vive, si no llega a esta conciencia.
sentíamos, veíamos, que mi madre, se marchaba llena de felicidad y alegría.
Se marchaba acompañada por seres de luz, que le llevaban en brazos arropada por algo muy bello.
Así permanecimos durantes las siguientes horas hasta que se hizo de día.

Llegó el médico y no sé qué sintió... pero mandó que inmediatamente, le quitasen la medicación.
Casi en el mismo instante de hacerlo, sentimos como la presencia espiritual de mi madre, que durante el último tiempo había aguardado suspendida sobre su cuerpo físico, desaparecía, llevada hacia arriba por los seres de luz que durante toda la noche la habían mantenido en volandas.
Se quedó su cuerpo sobre la cama, vacío, desprovisto de toda vida o energía...
Pero no nos pusimos tristes; todos, cada uno en su medida y apertura, habíamos asistido a su partida de este mundo y habíamos visto lo hermoso que era.

Ahora sabíamos, comprendíamos, habíamos vivido con ella, algo de lo que era la nueva forma de “vida” que para ella había comenzado.


Y nos quedamos con esa alegría. Con la profunda alegría de haber asistido al nacimiento más hermoso jamás imaginado. Esto es ahora su recuerdo: el nacimiento, la transformación de lo físico en el "sólo alma". Siempre damos gracias, siempre.
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Así se marchó mi madre, pero a lo largo de mi vida, he visto marcharse a mucha gente a la que he ayudado...y me han ayudado a mi con su luz, muchas veces.
El camino sigue...marcharse es volver a comenzar, volver a vivir. Todo es una hermosa rueda del tiempo en el espacio donde giramos para aprender y sentir.
Ojalá llegue pronto a todos los corazones, el momento de comprenderlo así. Comprenderlo, vivirlo así, llena de calma y alegría.
De una calma y una alegría, de un sentir.... "que no es cómo el que nos dan las cosas del mundo"

Celeste

Es cierto...



Se sentía la primavera.
El aire, meció mis ramas,
me encontré con el sol de frente.
Al observarme, advertí,
que justo en mi ombligo
un petirrojo había anidado
y ya tenía polluelos.

¡Osemos!


Foto cedida por Chayogotica. Gracias!

El sentir, tiene que ser sacudido para que salga del estancamiento y vibre de nuevo, llenándolo todo de vida.
Estancados, no hay vida.
Sólo al romper las corazas que mantienen al corazón parado, se vuelve a la no muerte.


¡Osemos!

Los sueños

Los sueños y metas de la vida se cumplen, cuando caminas con energía hacia ellos, hasta conseguirlos.
Sólo tienes que tener claramente en tu corazón, el motivo de hacia qué y para qué caminas.

Lo pequeña que soy...


(Foto de Chayo Roig Saurí)

Puedo hacerlo todo,
vivirlo todo,
sentirlo todo...
Excepto la soledad.
Esto me llena de alegría,
porque siempre me recuerda
lo pequeña que soy.


...

Ser aire



Nos enseñaron que no se puede volar.
Que sólo sobre la tierra podríamos existir.
Pero sé que también se puede remontar el vuelo sobre el aire.
Vivir entre corrientes, libre, sintiendo el oleaje de vientos que te llevan.
Sólo tus pensamientos te mantienen atado al suelo.
Aquellos que no se atreven ni a imaginarlo, son los que ponen el lastre a tus alas.

Emitir

(La fotografia es un regalo precioso de Miriam Rivas)

Somos responsables de lo que emitimos hacia los demás y hacia nosotros mismos.
Lo que emitimos al pensar, al hablar, al mirar y al relacionarnos, también.
Somos responsables de lo que ponemos en nosotros y a nuestro alrededor
porque todo fluye, todo se alimenta de energía que constantemente está
recargándose con lo que hay.
Y lo que hay, es la mezcla de todo lo que ponemos.

Tenerlo en cuenta es el compromiso de todo el que camina.

....

Me hacéis grande



Estoy justo en ese instante de vida, en que la felicidad de los demás la siento con la misma intensidad que la propia.
Es un estado especial.
Siento que tengo miles de manos… millones de corazones que laten fusionados con el mío.
Nunca me había sentido tan grande.

Caminando




Ando sobre la tierra...
Pero me cuesta quedarme.

...

El amor tiene que ser para ganar.

(Foto tomada en un pequeño pueblo del sur de Tunez)


En memoria de tantas mujeres que sufren y han sufrido por un amor manchado de incomprensión, de ceguera, de oscuridad...
Un amor que intentan vivir, hombres sin amor y lo hacen pequeño. Lo ensucian, lo vacían. Amor de pobres seres humanos, que no conocen, ni quieren conocer qué es el AMOR... Y lo asesinan.

* Para oír el programa grabado en la radio, pulsar en el icono situado arriba a la izquierda, en la cabecera.
No sabía qué más hacer ...

Campo del agua

(Foto: Celeste. Actualizada el 25/01/2008)

Es la más simple y pequeña aldea de los Ancares.
Está arriba, en la montaña, rozando el horizonte.
El último trecho, hasta poder divisar el lugar, hay que hacerlo caminando. Aparece ante la mirada, de pronto, después de un recodo de la vereda.
“Campo del agua”.
¿Cómo algo puede tener un nombre tan hermoso?
Por encima de él no hay nada, está sobre la cima. Sólo nubes tímidas agarradas a las rocas. No tiene casas, sino pequeñas pallozas con techos de centeno.
Sus calles, están surcadas por regatos de agua, que salta entre las piedras, sobre la hierba.
Todo el lugar es la expresión más clara de la vida bullendo en su modo más puro.


Cuando voy, ante tanta belleza, tengo miedo: sé que llevo en la sangre mares de ramas y hojas. Mares de tierra y agua corriendo por los valles. Mares de copas verdes meciéndose al viento de la tarde...

Siento que algo poderoso me llama a perderme en ellos, a desaparecer, a quedarme siendo mar en la montaña...y me temo.
Envuelta en aquél silencio, siempre recuerdo que  alguien dijo:
“Hay lugares donde morir es más fácil”


Es cierto, me dice el alma, es cierto...“Dejadme que voy de vuelo”.
...

Retándome

Casi todo lo que hago es para distraerme de mi misma.
Soy mi más poderosa enemiga.
Y sigo.
Alegre, retándome.
...

¡Aquí estoy vida!



Las personas con las que se comparte,
Los lugares,
Ese sentir, que late desbordándote….

La vida, si te dejas,
Te arropa con colores recién fabricados.

Y desde el corazón abierto a todo, te dan ganas de gritar:
¡Aquí estoy vida, hágase!

..

Para avanzar


Al caminar, hazlo con las personas que quieran ir por donde tú vas, que sigan libremente el mismo camino.
Cada uno tiene el propio y va a donde quiere ir, sólo los que libremente estén caminando por el que tú llevas, pueden ser tus compañeros de viaje.
Ningún otro te sirve.
Friedrich Nietzsche


Ampliación


He tenido el alma en obras.
¡Venid, ahora me cabe más..!

:)

Mi Extremadura

Antes que arrecien los negros nubarrones,
que andan arrebujaos y recios en tó lo alto,
me voy pa mi Extremadura.

Junto a la jiguera grande,
me esperan las mozas y los muchachos,
que tenemos, cosinas pa contanos.

El almuerzo de migas con torreznos,
y vinin de pitarra.
O un trozo de miajón pa mojá en la salsina...
Asín, me basta y me sobra. No necesito ná más,
que estoy jecha de terrones.

:)